A pesar de las aclaraciones que han sido arrojadas entorno al origen del Reiki y su desarrollo, se puede apreciar una variedad de estilos en el modo en que se imparte esta técnica en los entornos de enseñanza. Esta diversidad supone una riqueza en tanto en cuanto gran parte de los conocimientos transmitidos provienen de la propia experiencia y pueden servir como fuentes de inspiración para el alumno.
De todos modos, esta diversificación de ideas ha dado lugar a una proliferación de contenidos que han llegado a asociarse al Reiki y que no forman parte del sistema original. Al mismo tiempo, dicha diversificación ha llevado a la inclusión y transmisión de contenidos que puedan resultar contraproducentes para el crecimiento personal.
En los cursos, procuro transmitir la idea central de que no hay una única manera de practicar Reiki, puesto que es una técnica que se adapta al proceso y al ritmo de cada persona, esta realidad hace extremadamente dificil y desaconsejable un dogmatismo acerca del "modo correcto" de aplicar Reiki. La verdad es que no existe un modo correcto para aplicar Reiki, es meramente una ilusión.
Aún así, considero importante la responsabilidad de transmitir una idea clara acerca de los objetivos que cumple el Reiki y el modo en que se plantea su uso, en pos de evitar promesas y resultados que requieren un trabajo personal que no puede conseguirse en un fin de semana, ni tampoco pueden conseguirse con el uso exclusivo de una técnica, en este caso el Reiki.
En consecuencia, creo conveniente clarificar algunos mitos que giran entorno al Reiki, y los riesgos que pueden surgir como resultado de la interiorización de dogmatismos por un lado, y por otro lado como resultado de una utilización acrítica de ésta técnica.
Aunque se encuentra mención del Reiki en gran parte de la literatura de la Nueva Era, el Reiki no forma parte de este movimiento actual. De todas formas, en muchas ocasiones, el modo de enseñar sus contenidos se ve contaminado por pautas y pensamientos características de la Nueva Era.
La Nueva Era es un movimiento que combina y utiliza, de modo descontextualizado y sin una profundización adecuada, nuevos movimientos religiosos, tradiciones esotéricas y una variedad de técnicas psicoespirituales que van destinadas a prometer la liberación y la iluminación. Adolece considerablemente de un razonamiento crítico en sus argumentos, especialmente verificable en su uso constante de las pseudociencias.
En algunos casos el movimiento de la Nueva Era lleva a una tergiversación extrema de antiguas disciplinas orientales, conviertiendo muchos cursos simplemente en una búsqueda de sensaciones de fin de semana.
Esta tergiversación también pasa por transmitir erróneamente la definición y la naturaleza de las verdaderas experiencias transcendentales y místicas.
En defensa de la espiritualidad, la Nueva Era tiende a promover una actitud abiertamente crítica hacia la ciencia, a pesar de caer en contradicciones, puesto que en ocasiones utiliza las aportaciones de distintos campos científicos - sobre todo del campo de la física cuántica (de modo tergiversado y descontextualizado) - como apoyo para contenidos específicos de diversas enseñanzas.
La intención de comprender la dimensión espiritual del ser humano pasa por tres áreas principales de investigación:
- Lo empírico (a través de la investigación científica)
- Lo mental ( a través de la lógica y la razón)
- Lo espiritual (desarrollo espiritual, crecimiento personal y transpersonal, la contemplación)
Vaughan (1982) explica que cada una de estos campos del conocimiento tiene sus propios métodos de adquisición de la información, y cada una tiene sus propias normas de validación. El error categórico ocurre cuando se intenta aglutinar dos campos en uno, o cuándo se intenta interpretar los descubrimientos de un tipo de conocimiento en términos de otro campo. Así mismo, no hace falta mencionar que el trabajo desde cada uno de estos campos requiere la formación necesaria para su debida comprensión. (The Transpersonal Perspective, Journal of Transpersonal Psychology: Vol.14, nº1)
Así mismo, el movimiento de la Nueva Era tiende a promover una rigidez en las actitudes y en las emociones que ha de experimentar el individuo, con la promesa de una mejora personal, punto que expongo a continuación.
La moral afirmativa se basa en un dogmatismo extremo acerca del pensamiento positivo, también inherente al contexto de la Nueva Era. Esta actitud es contraproducente e incluso peligrosa, porque busca eliminar cualquier rastro de "emoción negativa" que pueda estar experimentando el individuo. De esta manera, la persona se obliga a sí misma a pensar en positivo, evitando experimentar emociones y sentimientos que considera "negativos". Así, el resultado es que se evita afrontar una parte nuestra que está reclamando atención.
La integración pasa por la capacidad de ponernos en contacto con todo el espectro de sentimientos que forman parte del ser humano. Esto se traduce en identificar las emociones que uno pueda estar viviendo en un momento determinado, sin resistencias inecesarias. Así, el aprender a identificar y expresar nuestras emociones nos permite navegar por nuestra vida con más integridad. No se busca la manifestación desenfrenada e incontenida de emociones, si no la capacidad de conocernos y entrar en contacto con nuestro mundo interno a través de nuestra dimensión emocional.
El fomento de la receptividad también pasa por reconocer todos aquellos procesos y manifestaciones emocionales que nos surgen desde el interior. Puesto que su reconocimiento permite afrontarlo y trabajarlo, sin juzgarlo.
Otro riesgo del dogmatismo referente al pensamiento positivo es que responsabiliza a la persona de todo suceso que pueda ocurrirle (también denominado Ley de la Atracción), negando el condicionamiento de cualquier circunstancia que esté fuera de las manos del individuo. De esta manera, esta actitud promueve sentimientos de auto-culpabilidad y auto-insuficiencia cuando los resultados no se tornan tal y cómo esperaba la persona. Se transmite el mensaje erróneo, y extremadamente peligroso, de que las víctimas de catástrofes (accidentes circunstanciales, enfermedades, o cualquier situación agravante) son los únicos autores y responsables de sus infortunios.
Estas mismas pautas pueden suscitar a que la persona rechace cualquier terapia que pueda resultarle beneficiosa (alopática o psicoterapéutica) a favor del pensamiento positivo.
El desarrollo espiritual es un proceso que entraña un trabajo personal que no puede dar por alto otras dimensiones de la persona, tales como el trabajo emocional, la atención al cuidado físico, y la atención adecuada a nuestras actitudes, formas de pensar y creencias acerca de nosotros mismos y de nuestro entorno. Si que es posible integrar la espiritualidad en la vida cotidiana. El problema es que se puede observar la tendencia a buscar la espiritualidad como medida para evitar afrontar y trabajar contenidos pertenecientes a la dimensión física, emocional, mental. El Reiki es una técnica de trabajo energético que complementa la práctica espiritual que puede haber emprendido el individuo, pero no es una disciplina espiritual en sí misma.
Emprender un objetivo de desarrollo espiritual sin trabajar las otras dimensiones que conforman al ser humano, es una tarea no aconsejable. El desarrollo hacia la totalidad entraña la capacidad de recepetividad e integración del individuo. Esto implica integrar las distintas dimensiones de nuestro ser para que co-existan y se apoyen mutuamente. Si desarrollamos una dependencia excesiva y exclusiva con una de las dimensiones, a costa de las otras, o si los diversos niveles de nuestro ser se desconectan el uno del otro, caemos en un estado de desequilibrio y des-integración.
Si bien es cierto que se puede encontrar una mención frecuente al uso de cristales en los contenidos de muchos cursos de Reiki, su implementación no forma parte de las enseñanzas originales de Usui.
Si el alumno decide que desea utilizar cristales en combinación con el Reiki, no me opongo a esta desición ni la censuro. Simplemente, no enseño técnicas con cristales en mis cursos porque no forman parte de los contenidos teóricos del sistema original de Reiki de Mikao Usui. El uso de cristales es una implementación posterior a la introducción del Reiki en Occidente.
Si el alumno desea complementar el uso del Reiki con cristales u otras herramientas, respeto esta elección personal. De todos modos, me permito arrojar luz sobre los contenidos a los que me limito en la enseñanza de mis cursos, puesto que considero significativo discernir y diferenciar los contenidos que no forman parte de la toería del Reiki.
Esta tarea es importante si hemos de tomarnos la responsabilidad como instructores, en pos de mantener la estructura original (evitando tergiversaciones) y para llegar a un acuerdo coherente de qué es y qué no es el Reiki.
Si bien es cierto que el Reiki es denominado como terapia alternativa por la OMS (Organización Mundial de la Salud), dicha nomenclatura puede acarrear confusiones que considero importante aclarar.
En primer lugar, el término alternativo no es el más adecuado, puesto que no pretende sustituir a otras modalidades convencionales de tratamiento. Por el contrario, es una técnica más bien complementaria. El Reiki no dispone de las herramientas ni aplicaciones suficientes como para reemplazar a la medicina alopática ni a las distintas modalidades de psicoterapia existentes hoy en día. Es importante aclarar que en ningún momento se ha desarrollado esta técnica con el objetivo de rechazar dichos tratamientos.
En segundo lugar, el Reiki no es una terapia propiamente dicha. El Reiki es un sistema Japonés de trabajo energético. El Reiki ayuda a promover el sentido de compromiso de la persona con su propio crecimiento, transformación y sentido de sí mismo al facilitar el contacto con los procesos del cuerpo físico, emocional, mental, energético y espiritual. Gracias a este contacto que establece el individuo consigo mismo, proporciona una oportunidad para que la persona pueda hacerse cargo de su experiencia, aunque esto signifique pedir orientación y ayuda en el proceso.
© Daniela Miriam Pribluda.