"Aquel que mira hacia fuera, sueña. Aquel que mira hacia dentro, despierta"
~Carl Jung.
El sistema de chakras tiene sus orígenes en el yoga tántrico, una práctica contemplativa que se remonta a los principios del Hinduismo en el norte de India. Posteriormente, se expandió al Tibet, para ser incorporado en la mayoría de prácticas Budistas.
En su núcleo, el Tantra es un sistema basado en la energía. Evitando el dogmatismo, se decanta más bien a favor de las técnicas vivenciales, técnicas para dirigir el flujo de las energías vitales a través del cuerpo y de la mente (Nelson).
El Tantra no exige ningún tipo de creencia, invita a la persona a practicar los métodos para descubrir de forma directa lo que este trabajo puede ofrecer al individuo. Posteriormente, diversas disciplinas y modelos fueron incorporando y adaptando el sistema de chakras a sus propias filosofías, con sus consiguientes teorías, y en algunos casos, incluso modificaciones. La palabra chakra es un término sánscrito que significa "rueda". Los chakras, ubicados en el cuerpo físico y sutil del individuo, reciben, dirigen y transforman la energía asociada a las distintas funciones de cada centro energético. Así mismo, cada chakra simboliza un nivel de consciencia específico, relacionado con las funciones que representa cada uno de los centros. Personalmente, me adhiero al sistema teórico-práctico que adopta los chakras como modelo de nuestra experiencia interna y externa. Se adopta el término "centros energéticos" como alusión a las fuerzas sutiles que conectan los aspectos físicos, emocionales, mentales y espirituales de la persona. Según Caroline Myss (2007), el estado de cada chakra refleja la salud de un área particular del cuerpo. De la misma forma, también refleja el bienestar mental, emocional y espiritual de la persona. El pilar central de este trabajo radica en tomar conciencia de cada uno de nuestros centros energéticos, en un intento de aproximación a nuestro mundo interno. De esta manera, los guiamos y nos permitimos ser guiados por ellos, siempre con el objetivo de re-descubrirnos a nosotros mismos. El trabajo con chakras es un proceso contínuo de auto-conocimiento, transformación y crecimiento personal. No representa un estado fijo que hemos de alcanzar y mantener. Siguiendo el análisis de George Boyd (1995), se puede decir que los chakras son centros de integración física, psicológica y espiritual que sintetizan las diversas facetas y experiencias del funcionamiento humano en un todo armonioso, incluyendo: La relación simbólica entre los centros energéticos y sus significados varía según la tradición, la cultura y la disciplina de referencia. Las personas no comparten la misma manera de percibir y sentir los chakras, y así podemos apreciar una variedad de experiencias personales entorno a este sistema y modelo de desarrollo. De esta manera, la ubicación exacta de los chakras varía para cada uno de nosotros, porque está muy ligada a nuestra percepción individual y sensación subjetiva. Consecuentemente, es importante centrarse en la relación que establecemos con cada centro y nuestra vivencia personal entorno a lo que representa cada nivel. Frances Vaughan explica que la ubicación de los chakras en determinadas zonas del organismo surge de una tendencia universal a situar funciones del organismo en áreas específicas del cuerpo. Según la misma autora, las terapias corporales confirman esta tendencia topográfica. Cabe destacar que el estado en el que se encuentra cada chakra está íntimamente ligado a la experiencia personal de cada individuo: a su historia, situación, vivencias y constructos personales. El trabajo con nuestros centros energéticos ofrece una ventana por el cual uno puede entrar en contacto con los subsistemas que nos integran: lo físico, lo emocional, lo mental, lo relacional y lo espiritual. Este trabajo personal abarca experiencias que van desde la comunidad hacia lo individual, y desde lo individual hacia la comunidad. El encuentro personal con cada chakra invita a la integración y asimilación de funciones que forman parte de nuestra experiencia cotidiana. En consecuencia, cada centro manifiesta un nivel a integrar, no a "dominar" ni a superar, porque están todos interrelaciones entre sí. Siguiendo las pautas de Hillevi Ruumet, cuando nos embarcamos en un proceso de exploración con los chakras, es pereferible alejarse de nociones lineales como "hacia adelante" o "ascendente", "esto es mejor que aquello", "superior e inferior", "mejor o peor" y demás nociones que connotan un proceso jerárquico. El conflicto surge cuando intentamos clasificarlos jerárquicamente, porque en el fondo forman parte de un todo. Arriba y abajo son conveniencias conceptuales, no hemos de confundir el mapa por el territorio. El trabajo con chakras es un proceso contínuo, no es una jerarquía. Desgraciadamente, hoy en día la sobre información que se encuentra en relación a los chakras (al igual que con el reiki) crea más confusión que comprensión. Libros sobre técnicas de apertura y desbloqueos de chakras abundan las estanterías de librerías y bibliotecas. Un gran número de los ejemplares pertenecientes a este género - y en su mayor parte asociados al movimiento de la Nueva Era- trabajan superficialmente esta temática. Consecuentemente, nos encontramos con centenares de técnicas enfocadas a la búsqueda de sensaciones, con incontables promesas de iluminación y alusiones a estados perpetuos de felicidad. Aparte de una dogmatización excesiva (y frecuentemente bien enmascarada), es muy habitual encontrarse ante una adaptación del modelo de chakras exclusivamente para la búsqueda de un desarrollo espiritual, que erróneamente pasa por alto el trabajo personal con las experiencias y los conflictos cotidianos. Por otro lado, se fomenta más el pensamiento mágico (p.e. cristales y péndulos no como complementos si no más bien como prescripciones y soluciones), que no el de un trabajo con el sistema chákrico que fomente al individuo a redirigir su mirada hacia el interior. De esta manera, se crea una imagen banalizada del sistema de centros energéticos. Se pone de manifiesto una mezcla de técnicas esotérico-psico-espirituales y una descontextualización de métodos que se acaban convirtiéndo en recetarios para obtener tal u otro estado. Varios adherentes y practicantes de disciplinas espirituales que provienen de culturas como la India, China, Japón, Tibet; así como un gran número de escuelas ortodoxas de Yoga, Tantra, Qigong, Medicina Tradicional China, Ayurveda, artes marciales y grupos con una historia que, en muchos casos, se remonta siglos atrás, evitan la etiqueta occidental de Nueva Era, observando que este movimiento no comprende plenamente o trivializa, distorsiona y tergiversa deliberadamente las diversas disciplinas.
Por este mismo motivo, es tan importante que los cursos que aplican el sistema de chakras/centros energéticos como modelo de crecimiento y desarrollo personal, transmitan una adecuada y cultivada comprensión de este sistema. Así mismo, el enfoque didáctico ha de fomentar una adecuada asimilación e integración de los diversos procesos que se ponen en movimiento al trabajar con este modelo.
En vez de limitarme a las funciones esotéricas de los chakras, me decanto hacia una aproximación holista que tenga en cuenta el modo en que las manifestaciones físicas, mentales, emocionales, relacionales y espirituales de los chakras se relacionan con el mundo interno y externo de la persona.
De esta manera, se logra una mayor apreciación de cómo cada uno de nosotros avanza en nuestras emociones, nuestros pensamientos, relaciones, ética, orientación espiritual y perspectiva global, a medida que trabajamos con el nivel que representa cada centro a lo largo de la vida. Con una adecuada profundización, descubrimos el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos, con las demás personas y con nuestro entorno.
El proceso de auto-descubrimiento surge cuando exploramos el sentido que le otorgamos a las funciones de cada centro. De esta manera, muchos de los ejercicios que se aplican tienen como objetivo explorar los siguientes temas, entre otros:
"Cuál es mi relación actual con este centro"
"Cómo lo percibo, siento, visualizo, etc."
"Como me siento personalmente con este centro"
"Qué necesita el centro de mí"
"Qué necesito yo de este centro"
"Qué relación tiene este centro con mi vida y con mis experiencias actuales"
"Qué experiencias han contribuido al modo en que se manifiesta este centro en el momento presente"
Así, se establece una relación transformadora de comprensión, comunicación, receptividad, integración e intercambio cíclico con las funciones personales que representa ese chakra.
Esto nos lleva a un punto de debate en el que me permito compartir mi punto de vista: ¿He de creer que los chakras existen para poder emprender una vía de autoconocimiento a través de este sistema? La respuesta es no, aún manteniendo una visión escéptica acerca de la existencia física de estos centros de energía, podemos igualmente adentrarnos en este proceso si tomamos en consideración el contacto que se establece con nuestro mundo interno. La consciencia corporal de los chakras le otorga una forma a nuestras funciones psicológicas, físicas y espirituales. De esta manera, mediante la toma de contacto con nuestro cuerpo, se nos facilita percibir, identificar e interaccionar directamente con aquellas sensaciones, sentimientos, creencias y experiencias que nos envuelven en un momento determinado.
A través del contacto con los chakras, exploramos el estado en que se encuentra cada una de las funciones de nuestro organismo, en todas sus manifestaciones y a través de los distintos niveles que nos integran. Por consiguiente, el chakra se convierte en una expresión / manifestación - a veces palpable y a veces sutil -de nuestro cuerpo y de nuestro mundo interno, es una invitación de contacto con la realidad, así como un encuentro con lo sagrado de nuestra experiencia cotidiana (Pribluda, 2007).
© Daniela Miriam Pribluda.
Autores Recomendados para una profundización de la teoría de Sistemas de Centros Energéticos / Chakras:
Caroline Myss
John E. Nelson
Anodea Judith
Frances Vaughan
Hillevi Ruumet
George Boyd